¿Sabía que el 89 % de los consumidores de la UE* siente una mayor tranquilidad cuando el lugar donde viven está limpio? No dé por sentado su salud. Mantener nuestros hogares limpios y tener buenos hábitos de higiene son vitales para nuestra salud y bienestar. Cuando se hace de manera adecuada, segura y sostenible, no tiene que ser una tarea difícil. Los buenos hábitos son esenciales para nuestra salud.

Antes que nada, aclaremos a qué nos referimos cuando hablamos de limpieza e higiene.

Limpieza e higiene: ¿qué significan?

Limpieza es la eliminación mecánica o química de la suciedad y la tierra del cuerpo humano, un objeto o área. Normalmente, a la limpieza con jabón o detergente le sigue un aclarado con agua para eliminar la suciedad y los alérgenos visibles. La limpieza también reduce la cantidad de microbios en las manos, superficies y tejidos.

Desinfección es el uso dirigido de un desinfectante para ayudar a prevenir la propagación de la infección en situaciones donde existe un alto riesgo de transmisión de microbios dañinos (por ejemplo, cuando alguien está infectado o es vulnerable a una infección). Estos productos previenen la propagación de la infección al desactivar o matar organismos dañinos.

Higiene: es la práctica a través de la cual las personas mantienen o promueven una buena salud. Asearse y mantener limpio el entorno y, cuando sea necesario, desinfectar superficies, manos, estancias, entorno y artículos de uso personal para romper la cadena de infección, todo contribuye a la higiene. Otras medidas de higiene son, por ejemplo, mantener una cierta distancia con las personas enfermas.

Limpieza e higiene en el hogar: algunos principios básicos

Limpiamos nuestros hogares porque nos gusta vivir en un entorno agradable. Pero estas prácticas que llevamos a cabo en nuestros hogares también tienen un impacto en nuestra salud.

  1. Las prácticas rutinarias que utilizamos para mantener nuestros hogares con un aspecto y un olor limpios nos dan una sensación de bienestar que contribuye a mantener la salud;
  2. La limpieza rutinaria reduce los niveles de «suciedad» e insectos tales como los ácaros del polvo, los piojos, etc., que pueden tener un efecto perjudicial en nuestra salud, por ejemplo, los alérgenos que se encuentran en el polvo pueden causar alergias y  asma;
  3. La limpieza rutinaria para eliminar el polvo, la suciedad y las partículas de alimentos ahuyenta la presencia de ratones, cucarachas, etc. en el hogar;
  4. La limpieza habitual de la ropa de cama ayuda a prevenir los problemas con chinches;
  5. La limpieza rutinaria reduce los niveles de hongos que crecen en lugares húmedos en la cocina, el baño y el WC, lo que puede causar ciertos trastornos respiratorios;
  6. Las prácticas específicas (por ejemplo, limpieza, desinfección y aplicación de calor) que llevamos a cabo para evitar la propagación de microbios dañinos, que pueden causar enfermedades infecciosas, son importantes para protegernos de la exposición a estos..

Para las actividades 1 a 5 anteriores, se usa una rutina de limpieza diaria o semanal con el objetivo de mantener estos riesgos potenciales en niveles aceptables. Pero la limpieza para prevenir infecciones es diferente.

Leer más sobre cómo romper la cadena de infecciones a través de la higiene  

* Encuesta a los consumidores de A.I.S.E. en 2020 en 23 países de la UE

Este artículo ha sido escrito en colaboración con la profesora Sally Bloomfield, quien es presidente y miembro del Consejo Científico Asesor del IFH, así como profesora honoraria de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres. La profesora Bloomfield es una reconocida experta en higiene del hogar con más de 30 años de experiencia en investigación y educación sobre higiene. 

El Foro Científico Internacional sobre Higiene del Hogar (IFH, por sus siglas en inglés) se creó en 1997 para desarrollar y promover la higiene en el hogar y la vida cotidiana basadas enprincipios científicos sólidos.

Nota
cleanright.eu utiliza el término microbios para referirse tanto a microorganismos beneficiosos como dañinos. No usamos el término «gérmenes» porque esta palabra suele usarse de forma confusa e incorrecta para referirse a los «microbios dañinos».